Disonancia Cognitiva. ¿Nos engañamos a nosotros mismos para ser más felices?

En caso de conflicto, ¿puede un comportamiento cambiar nuestras creencias, actitudes o emociones? De los diferentes procesos objeto de estudio dentro de la Psicología Social que se producen en el ser humano, hay uno que llama poderosamente la atención: la disonancia cognitiva. 

Se podría entender como la tensión o incomodidad que percibimos cuando mantenemos dos pensamientos contradictorios o incompatibles. O cuando nuestras creencias no están en armonía con lo que hacemos. Es decir, la disonancia cognitiva se refiere a cómo percibimos de modo incompatible dos cogniciones al mismo tiempo, lo que conlleva consecuencias sobre nuestras actitudes y acciones sobre un determinado asunto y al final realizaremos un comportamiento alineado con ellas para eliminar el malestar.

El concepto de disonancia cognitiva fue formulada por el psicólogo estadounidense Leon Festinger en su obra A theory of cognitive dissonance (1957, 1975). La teoría de Festinger plantea que al producirse esa incongruencia o disonancia de manera muy evidente cuando planeamos una acción concreta, la persona se ve automáticamente motivada para esforzarse en generar ideas y creencias nuevas para reducir la tensión hasta conseguir que el conjunto de sus ideas y actitudes encajen entre sí, constituyendo una cierta coherencia interna y pueda realizar la acción con cierto equilibrio mental y motivacional.

Leo Festinger realizó un experimento con su colega James Merrill Carlsmith para demostrar que tener poca motivación extrínseca justifica un comportamiento que va en contra de nuestras actitudes o creencias (una especie de autoengaño) o por el contrario tenderemos a cambiar de parecer para ser más racionales con nuestras acciones:

A una serie de estudiantes voluntarios de la Universidad de Stanford, les dividieron en 3 grupos a los que encargaron una tarea que era valorada como aburrida. Seguidamente los investigadores pidieron a esos grupos que comentaran a un nuevo grupo que iba a realizar la tarea que era divertida. El grupo 1 se podía marchar sin decir nada al nuevo grupo, al grupo 2 se le pagaba 1 dólar antes de mentir y al grupo 3 se le pagó 20 dólares. Al cabo de 1 semana, Festinger y Carlsmith citaron y preguntaron a los miembros de cada grupo que les había parecido la tarea. El grupo 1 y 3 les confirmaron que les parecía una tarea aburrida (no cambiaron su percepción) en cambio al grupo 2 les pareció una tarea divertida. ¿A qué se debe esto se preguntaron los investigadores? Ellos llegaron a la conclusión que las personas tenemos una disonancia entre las cogniciones sobre un conflicto. El grupo 2 que recibió un solo dólar, cambiaron su idea inicial ya que no podían justificarlo al ser una recompensa mínima. Los que se habían ido sin más (grupo 1) o habían recibido una mayor recompensa de 20 dolares (grupo 3) si podían justificar su conducta y tuvieron menos conflicto interno o menos disonancia. Esto les confirmó que sí tenemos causas externas que justifiquen nuestro comportamiento, es más difícil el cambio de actitudes o creencias.

Con unos ejemplos de la vida diaria se podrá entender más fácilmente la disonancia cognitiva y su mecanismo de funcionamiento:

Imagina que quieres mejorar tu nivel de inglés para el trabajo y para viajar con mayor confianza y te apuntas a una academia. Tienes gran motivación y empiezas con muchas ganas. Al final de la tercera semana del inicio te llaman unos amigos para salir de fiesta y tras un debate decides saltarte la clase para poder ir. Y la semana siguiente te ocurre lo mismo. Al final pasados dos meses decides abandonar las clases de inglés aún sintiéndote culpable por ello y después de una deliberación interna, lo justificas que las clases de inglés no son realmente tan importantes y que tu vida social también debes cuidarla para no perder amigos y te hace sentir bien.

O cuando una estudiante duda entre estudiar la carrera de Medicina y Biología ya que le parecen las más adecuadas por su formación previa. Después de sopesar pros y contras y muchas dudas, finalmente decide estudiar Medicina consultando con su madre y padre. Piensa que ha hecho lo mejor, lo que más le motiva y tendrá más salidas profesionales. Sin embargo, al mes recibe carta de la universidad comunicando que no ha sido admitida y debe elegir otra carrera. Inicialmente está decepcionada por ello pero después de pensarlo nuevamente elige Biología y empieza a creer que sin duda es la mejor opción y le permitirá conocer campos profesionales muy interesantes. ¡Qué bien que me hayan admitido en Biología, sin duda ha sido la mejor opción desde el principio!

Normalmente la opción más acorde o adecuada para la persona será la elegida en último lugar. Así que tenemos que añadir nuevas creencias, cambiar las que tenemos o quitar importancia a las incompatibles para eliminar la incoherencia. Nuestro sistema cognitivo nos protege para evitar estar continuamente dudando o indecisos. Nos ayuda a estar más a gusto con nosotros mismos y las decisiones que tomamos aunque en cierta manera es un engaño a nosotros mismos.

Varios ejemplos desde una perspectiva clínica: Un ludópata que obtiene un gran placer y satisfacción cuando realiza la conducta de jugar en la “máquina tragaperras” y tiene ganancias puntuales. A la vez, siente un gran sentimiento de culpabilidad ante las consecuencias económicas a largo plazo y deterioro de sus relaciones familiares y sociales por jugar de manera compulsiva, adictiva y perder el control de sus impulsos. Aún así el placer que le produce el juego es incontrolable, le lleva a pensar que se lo pasa muy bien, conoce a mucha gente nueva en la sala de apuestas y algún día podrá ganar mucho dinero lo que alegrará a todo la familia y compensará todo. Por ello, decide seguir jugando, piensa que lo podrá dejar más adelante… O un fumador puede elegir entre dejar de fumar por sus efectos nocivos y carcinógenos o racionalizar su conducta de seguir fumando diciendose a sí mismo “de todas formas voy a morir igual” o recurrir a sesgos cognitivos como el habitual “hay personas que no fuman que mueren de cáncer de pulmón y otras que fuman que viven más de 90 años”. Obviamente en estos casos clínicos a parte del componente cognitivo esta presente el componente bioquímico que predisponen o mantienen a ciertas conductas disfuncionales y adictivas.

Existe también la disonancia después de tomar la decisión en la que la persona tiene muchas dudas y pide opinión y consulta en su círculo familiar, amistades o realiza búsquedas e investigaciones por Internet, libros u otros medios para asegurar y justificar la elección realizada. Ejemplos habituales podrían ser al comprar un piso en una determinada zona, al comprar un coche de segunda mano o al cambiar de trabajo. La disonancia cognitiva nos permite así justificar y aliviar nuestras decisiones cuando elegimos entre opciones y para adaptar la nueva realidad a nuestras creencias y pensamientos. Como se deduce, ciertos rasgos de personalidad como personas con tendencia a las obsesiones o perfeccionismo tendrán mayor influencia este tipo de conflictos y disonancias al cuestionar si han escogido la mejor opción de manera continuada.

En el ámbito de la empresa y organizaciones también encontramos ejemplos disonantes. Un dirigente con gran trayectoria, prestigio y responsabilidades dentro del sector energético puede tomar la decisión de salida a bolsa sin medir bien el momento y  que afecten la estrategia de la empresa a pesar de algunos avisos e indicadores de riesgo pero apremiado por su impaciencia y presión de algunos socios. Al poco tiempo y cumpliéndose los indicadores sobre el riesgo de la operación por la inestabilidad política, posible conflicto bélico en Oriente Medio y la aleatoria proliferación mundial del coronavirus, sus acciones caen en picado. El directivo cambia de opinión justificando su actitud y conducta tomada reconociendo que era consciente que podía pasar pero así debía ser por el bien de la empresa, que es un mal necesario y los beneficios se verán a largo plazo. Se podría decir que este directivo habría podido recibir opiniones y valoraciones más realistas de socios y directivos cercanos pero la evitación del conflicto y enfrentamiento lleva al mutismo a pesar de contar con datos objetivos sobre el error de la decisión que se va a tomar. Los directivos más enérgicos y con personalidades más dominantes impondrán sus criterios a pesar de intuirse que no son las mejores opciones y después justificaran sus acciones para resolver su posible malestar mental. El “macho alfa” momentáneamente puede no ser rebatido aunque podrá haber consecuencias como la pérdida de influencia, surgir alianzas en su contra o incluso el cese, despido o dimisión. 

Señalar que en este mecanismo disonante implica procesos psicológicos básicos como la atención, motivación o percepción y suele generar malestar, estrés e inquietud al individuo pudiendo llevar a problemas físicos asociados a estados de ánimo depresivos y ansiedad. En ocasiones el malestar psicológico generado por la disonancia cognitiva recomienda y aconseja la intervención de un psicólogo sanitario o de la salud. Para ello este tipo de profesionales por ejemplo desde la orientación cognitivo-conductual podrá trabajar con la persona para dotarle de herramientas y habilidades básicas que le permitan gestionar esta problemática y afronte convenientemente situaciones y pensamientos discordantes de su vida diaria que le causen conflicto. Se podrá trabajar en el cambio de las interpretaciones más subjetivas de la persona, identificar pensamientos disfuncionales y reestructurar sus cogniciones mediante la confrontación y el diálogo socrático. También la gestión y regulación emocional sería un área importante a trabajar además de la técnica de solución de problemas. Las terapias de tercera generación como la terapia de aceptación y compromiso (ACT) y el mindfulness también ayudarían a modular este mecanismo. Si nos paramos a pensar, la disonancia cognitiva está frecuentemente presente en situaciones y decisiones de nuestra día a día. Se puede considerar normal y tomar decisiones a pesar de reconocer que siempre hay otras opciones que quizás podrían ser mejores. 

“A veces tomas la decisión correcta, a veces haces que la decisión sea correcta”. Phil McGraw. 

Sin duda un mecanismo adaptativo muy interesante para el ser humano que sería recomendable conocer y tratar de entender.

Referencias bibliográficas

Festinger, L. (1957). A theory of cognitive dissonance. Stanford, CA

Festinger, L. (1975). Teoría de la disonancia cognoscitiva. Instituto de Estudios Políticos

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